-Oye, Malone ¿Sabes por qué estamos aquí?
-¿Y por qué debería saberlo yo?
-No lo sé ¿Consigliere… No te suena?
-Sí, soy su Consigliere, pero todo ésto pasó muy rápido…- respondía Malone con intriga- hasta yo me pregunto por qué Victor habrá llamado con tanta urgencia
El reloj marcaba las 2:19 de la madrugada y un grupo de dieciséis hombres se encontraban murmurando alteradamente entre las grandes cajas de la bodega de la Pastelería Bosco, un lugar adquirido por los Santriani luego de que a su dueño se resistiera a pagar por la protección que había pedido, ahora es el punto común para las reuniones importantes del grupo.
Se abrió una puerta, Victor entraba dando pasos firmes y veloces.
-Muy bien ¿Están todos aquí?- preguntó Victor mientras entraba.
-¿Qué es lo que está sucediendo exactamente, Don Victor?- Osvaldo interrogaba desconfiadamente, solía hacerlo a menudo, pero ésta vez, mucha gente estaba desconfiando. Después de todo, ¿Por qué habría la necesidad de reunirlos a esas horas de la noche?
-A eso voy, Osvaldo, he preguntado que si están todos—
-Sí, estamos todos- se apresuró a contestar Malone- Somos sólo dieciséis ¿Te molestaba contar?
-Tranquilízate, Malone- respondió Victor- Los he llamado porque quiero informarles… Que me retiro…
No fueron necesario, siquiera, los cinco segundos siguientes para analizar la atrocidad que acababa de decir Victor, es decir, ¿En qué está pensando este imbécil?
-¡¿Te retiras, maldito cobarde?!
-¿La policía te convenció de algo?
-¿A quién mierda nos vendiste?
-Esto es una puta broma ¿Cierto?
-¿Y qué con Giovanni—
-¡Giovanni está muerto!- Victor alzó la voz con una ira implacable, como si interrumpiese una blasfemia, una invocación del mismísimo averno. De su ojo cayó una lágrima, su rostro palideció y, con el alma hecha pedazos por dentro, prosiguió- Giovanni… ha…- cada palabra dolía más que cualquier tiro recibido en su vida, más que cualquier estocada, incluso el dolor causado por haber abandonado a su propio hijo era una asquerosa miseria comparado con lo que sentía en ese preciso instante. Giovanni fue su hermano, su amigo, su confidente, la única constante existente en su vida de mierda. La imagen de Aldo Sossa sosteniendo su revólver invadió su mente, el fuego chispeante saliendo por el cañón, la puta risa de Vince Sossa, su hermano caído y el imbécil de Aldo escapando. Su puño se cerró, apretándose con tanta fuerza que si tuviese la gargante de Vince aquí… Pero no hay que perder la calma, habría tiempo para aquello después. Victor continuó- Giovanni pasó a mejor vida, Aldo Sossa fue su verdugo. Todos recemos para que Dios se apiade de su alma
El silencio invadió la bodega, sólo el mínimo ruido de un par de autos en el exterior fueron audibles durante los eternos minutos siguientes. Todos los presentes en aquel lugar quedaron atónitos con la noticia ¿Dos Tiros ha muerto? ¿Victor Santriani se retirará? ¿Entonces, eso significa que los Sossa ganaron? ¿O la policía? Pero la mayor pregunta sería…
-… ¿Qué pasará con nosotros?… ¿Con la familia?
-No lo sé, Cacciatore, vayan a sus hogares, disfruten sus vidas, abran negocios, sean padres de familia. Todo aquello que yo nunca pude ser- respondía Victor, con tristeza y resignación.
Los negocios, el dinero, la fama, el poder… todo se desvanecería. El estilo de vida al que pertenecían, ese estilo que ya no les permitía volver a integrarse a la sociedad y simplemente ser uno más… uno más entre los tantos miserables seres que plagan este planeta, viviendo su día a día tan aburrida y monótonamente ¿Ser padres de familia? ¿Dueños de casa? ¿Microempresarios? ¡Qué asco de vida!. Ninguno de ellos, allá afuera, alguna vez tuvo poder, ninguno saboreó el éxito fácil, el dinero sucio, la adrenalina del escape, la sangre en tus manos. Una vez que pruebas eso y tuviste la oportunidad de que se haga tu voluntad ¡Ohh, eso no tiene precio! ¡Y el terror!, el miedo en la cara de tus enemigos, de tus subordinados, incluso a veces, de tus amigos… Pero no duraría para siempre, nada lo hace, he aquí la prueba. No se vive siempre en una fantasía, y Malone Rossi lo tenía claro. Por lo menos él lo tenía claro.
-Y… Giovanni…
-No lo sé, Malone
-Pero, señor… debería hablar sobre—
-¡QUE NO LO SÉ, MALONE!- Victor casi pierde el control- Lo siento…
Nuevamente el silencio tomó control del lugar, pero súbitamente fue reemplazado por murmullos, que luego se convirtieron en una tormenta de preguntas llenas de controversia, acalorados debates que Victor no tomaba en cuenta, estaba demasiado sumido en sus pensamientos. Hasta que una pregunta atravesó todo el ruido, llegó a sus oídos y se plasmó en su mente, atacando a todas sus ideas.
-¿Y usted que hará, Don Victor?
Todo el mundo calló para escuchar la respuesta
-Yo…- Victor miró a su alrededor, observó todos esos rostros llenos de esperanzas rotas, rostros con los que compartió toda su vida. Aquellas personas le habían enseñado a sobrevivir en la calle, a tener éxito en éste oscuro mundo. Con ellos triunfó, perdió… Eran su familia, pero debía abandonarlos, eso sería lo mejor para todos. Sería lo mejor para él, necesitaba hacer esto solo- Yo tengo asuntos pendientes con los Sossa
Un último silencio y un par de miradas que se cruzaban, fueron los eventos que marcaron el fin de la reunión, simplemente ya no se habló más. Uno a uno, todos los dieciséis hombres presentes, comenzaron a despedirse del que fue su líder durante más de veinte años, con un apretón de manos, un abrazo y una ligera reverencia en señal de gratitud. Solemne y discretamente iban abandonando el lugar, divagando entre pensamientos, sintiendo un miedo muy profundo por el futuro. Solo Malone se detuvo en la puerta, observó por última vez a Victor, y mientras éste le sonreía, el primero lanzó un gesto de desaprobación, un suspiro y luego se retiró. Se apagaron las luces…


